Dejé crecer
el pasto
alrededor de mi casa
sin límite alguno.
Así entró
alegre
por las ventanas
invadió poco a poco
cada mínimo espacio
trepó al techo
(hebras y hebras hacia un cenit inaudito)
cobijó ecosistemas
múltiples formas de vida
de todos los tamaños y colores
algunas se expresaban con ruidos
otras se comunicaban
mediante olores o miradas
todas reconocían
a sus hermanos
cada una abocada a su tarea
algunas saludaban al sol
otras a la luna
todas vivían
y dejaban vivir.
Fue entonces que me invadió
una angustia genética y ancestral
al sentirme tan humano.
Y en mi casa ahora verde
repleta de clorofila
antenas
patas
alas
pelos
me dormí
en el inabarcable silencio
de la tarde
filosa
plateada
arcaica.
Soñé (una,
dos,
cien,
mil veces,
como en un eterno loop):
algún día regresaremos
al placer de la tierra húmeda
y miraremos erguidos
hacia el futuro.
Pablo Javier Piacente.
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