lunes, 6 de abril de 2020

Afuera, sangre



Tengo sangre en las venas.
No descubro nada nuevo.
¿Pero qué pasaría si
abruptamente
mi sangre tuviera voluntad, libre albedrío,
para salir sin pedir permiso
de mi cuerpo escuálido y blanquecino?

No podría decirle que no a mi sangre.
Ella
llena de vida los rincones más oscuros
de mi ser,
irriga en silencio a cada segundo
órganos
que no conozco,
entrega generosa
su alma escarlata
y no se detiene.
Sigue fluyendo, siempre,
no importa que suceda afuera
o en los pliegues de mi piel.

¡Cómo trabaja la sangre!
¡Es un ejemplo de laboriosidad desinteresada!
Sería la mejor obrera
para algunos patrones
que parecen no tenerla.
Escribo estos versos que la nombran
y sigue activa,
duermo entre  almohadas de metal
en la ciudad callada
y se mantiene vigorosa,
caliente,
amable compañera,
vertiginosa.

¿Cómo podría negarle a mi sangre
un paseo por este mundo hueco?
Él la necesita para humedecerse,
para despertar de su letargo de siglos,
para crear ríos de pasión
allí donde reina la abulia,
para alimentar a su corazón ennegrecido.

Si se requiere mi sangre la entrego,
la dono,
a esta causa urgente
de reanimación planetaria.

Si ella lo desea
que salga ahora de mis venas agrietadas
y bañe en un instante
toda esta tierra infecta.       

Pablo Javier Piacente.

Image by Gerd Altmann from Pixabay

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